Marquesa de Almarza
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María de Montezuma, la Marquesa de Almarza fue una noble cuya fama ha llegado hasta ahora gracias a la codicia de un párroco.
Una mañana, estando la marquesa en su Palacio de San Boal sufrió un ataque al corazón, falleciendo de improviso. Como la marquesa era muy conocida en la ciudad por su piedad una multitud se concentró a las puertas de su palacio. Ante esta situación, su marido, el marques, decidió trasladar el cuerpo de su esposa a la Iglesia de San Boal por un pasadizo secreto, para que la multitud no perturbara el traslado.
Durante la noche el cuerpo fue velado por un sacristán de la iglesia, que vió en la mano de la difunta un anillo. El párroco, llevado por la codicia, decidió apropiarse de él. Cuando fue a cogerlo la marquesa se incorporó dando un susto de muerte al párroco, cuyos gritos despertaron a los criados. El rumor fue que la marquesa había resucitado.
Gracias a la codicia del sacristán la marquesa se salvó de ser enterrada viva y por ello fue recompensado con una pensión. Años despues la marquesa falleció realmente el 6 de junio de 1787, siendo enterrada en la Iglesia de San Boal.

